Perón: 45 años del fallecimiento de un líder inmortal

Perón: 45 años del fallecimiento de un líder inmortal

Existía hace medio siglo, la percepción de que el peronismo no sobreviviría a la muerte de Perón. El análisis comparado mostraba que la gran mayoría de los movimientos populistas, organizados alrededor de un líder carismático, no sobrevivían a él. Pero ello no ha sucedido; su fuerza política, sigue siendo la dominante en la política argentina. Ya no es un partido, tampoco un movimiento, ni una doctrina ni se asemeja a una ideología, aunque algo conserva de todos estos modos de ser de la política. La causa de la vitalidad y vigencia del peronismo es que se trata de una cultura política, que representa, procesa y expresa la complejidad, contradicción y ambigüedad de la sociedad argentina.

Junto con Roca e Yrigoyen, Perón integra la trilogía de los grandes líderes políticos de la Argentina, que no sólo dominaron el escenario político nacional durante décadas, sino que dieron origen a los tres movimientos que gobernaron el país desde fines del siglo XIX hasta nuestros días.

Perón da origen al peronismo o justicialismo, cuya importancia política y social, significó en los años cuarenta una transformación sin precedentes, al incorporar al sector obrero a la participación tanto política como social.

El líder encarnó en si mismo tres figuras que obedecieron a las necesidades del contexto histórico, de ahí su relevancia como uno de los mayores estadistas de todos los tiempos.

El golpe de Estado que en 1943 puso fin al régimen fraudulento de los conservadores no pareció traer en un principio demasiadas novedades. El nuevo gobierno fue encabezado por un grupo de militares de ideas nacionalistas que veían con preocupación la posibilidad de que, luego de que concluyera la Segunda Guerra Mundial, el comunismo hiciera grandes avances en todo el mundo, incluyendo la Argentina. Había que preparar al país para resistir ese avance -pensaban- y para ello era necesario un Estado que se ocupara mucho más de las demandas populares.

Además de la unidad nacional, era preciso un desarrollo económico mucho mayor que el que había hasta entonces, particularmente en la industria pesada. Las políticas que los conservadores venían implementando no eran suficientes: era necesario un papel más activo del Estado en la economía.

Mientras todo esto sucedía, el Departamento Nacional del Trabajo, ahora redenominado Secretaría de Trabajo y Previsión (STP), recibió mayores atribuciones y comenzó a tomar numerosas iniciativas a favor de los peones rurales, obreros, empleados, técnicos y profesionales asalariados. Al frente de la repartición se designó al coronel Juan Domingo Perón, por entonces un desconocido. En su paso por la STP, Perón promovió varias medidas que superaban las conquistas que el movimiento obrero había obtenido hasta entonces. La secretaría también benefició a algunos sindicatos con subsidios para la ampliación de sus programas de salud y sociales.

La acción decidida de Perón se tradujo asimismo en la expansión de beneficios jubilatorios, mejores indemnizaciones por accidentes de trabajo, aguinaldos, más cantidad de días de vacaciones pagas y nuevas cláusulas de defensa de la estabilidad para varios gremios. Por otra parte, se dispuso la creación de un nuevo fuero judicial, con tribunales del trabajo a cargo de jueces especialmente dedicados a proteger los derechos de los trabajadores.

Pero acaso la medida más importante fue el decreto que reglamentaba y extendía las negociaciones de convenios colectivos por rama de actividad. La nueva disposición hizo obligatoria la mediación del Estado en caso de conflictos; los convenios firmados serían en adelante de cumplimiento forzoso y se dotó a la STP poderes de policía para garantizarlo. La Ley de Asociaciones Profesionales de octubre de 1945, que convirtió ese decreto en norma firme, otorgó también a los trabajadores amplios derechos de sindicalización, incluyendo la protección de los delegados y afiliados contra cualquier represalia de la patronal.

Perón promovió la sindicalización de los trabajadores y la ampliación de derechos políticos, laborales, culturales y sociales. Se abrió así la posibilidad que el movimiento sindical comenzara a transitar una nueva etapa que lo transformaría profundamente.

No fue fácil, los sindicatos estaban divididos: comunistas, socialistas, anarquistas y trotskistas. Perón forjó durante los dos años de la Secretaría de Trabajo y Previsión la unidad de los sindicatos de actividades, bajo una organización madre, los sindicatos por rama. Es decir, grandes frentes de lucha. Desde ahí devino la gran fortaleza del sindicalismo argentino, que en años posteriores iba a concretar esta unidad iniciada desde 1943. A fines de 1944, después de solo un año de labor, había una sola C.G.T. y alrededor de 40 organizaciones sindicales se hallaban encuadradas dentro de ella.

Para fines de septiembre de 1945 la carrera política de Perón y su paso por la STP parecían haber llegado a su fin. En su afán por congraciarse con los trabajadores, el coronel había cosechado un furioso desprecio entre las clases altas y buena parte de los sectores medios. Había fracasado en su intento de conseguir una alianza con los radicales y, aunque apreciara las mejoras obtenidas, la CGT no se decidía a apoyarlo activamente.

A instancias de las entidades patronales y con la ayuda de la embajada norteamericana y de los principales diarios y partidos políticos, durante ese mes la oposición a Perón ganó las calles en manifestaciones multitudinarias. La situación finalmente llevó al presidente de facto, el general Edelmiro Farrell, a prescindir de sus servicios. El 9 de octubre de 1945 Perón fue forzado a renunciar a todos sus cargos y a recluirse en la isla Martín García.

El 17 de octubre de 1945, detenido en la isla Martín García, Perón estaba convencido de que su carrera política había terminado. En Buenos Aires avanzaba la formación de un nuevo gabinete con la tarea de organizar una rápida retirada para los militares que dos años antes habían ocupado el gobierno. Todo parecía indicar que muy pronto se celebrarían elecciones democráticas, que seguramente darían la victoria a la UCR o a alguna coalición de partidos que la incluyera. Sin embargo, ese día la multitud actuó por cuenta propia y cambió el curso “normal” y esperable de la historia.

Gracias al apoyo popular, organizado por una coalición del Partido Laborista, la UCR Junta Renovadora y el Partido Independiente le dio la presidencia con el 52% de votos en las elecciones del 24 de febrero de 1946. Luego del triunfo electoral disolvió los tres partidos que se habían creado para sostener su candidatura para unificarlos en una sola organización política, llamada primero Partido Único de la Revolución y luego simplemente Peronista o Justicialista.

Entre las acciones más destacadas de su gobierno se encontraron la conformación de un extenso Estado de Bienestar, con eje en la creación del Ministerio de Trabajo y Previsión Social y la Fundación Eva Perón, una amplia redistribución de la riqueza a favor de los sectores más postergados, el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, una política económica que impulsó la industrialización y la nacionalización de sectores básicos de la economía y una política exterior de alianzas sudamericanas apoyada en el principio de la tercera posición. En el mismo período se realizó una reforma constitucional que sancionó la llamada Constitución de 1949.

Juan Domingo Perón, en su primera presidencia.

A lo largo de su presidencia, el líder debió enfrentar las acciones terroristas y golpistas organizadas por grupos antiperonistas y, luego de 7 años en el poder, el 4 de junio de 1951 Perón es derrocado mediante un golpe de estado comandado por el General Benjamín Menéndez y el capitán Alejandro Agustín Lanusse.

Desde el exilio y proscripto por la dictadura, el general se consolidó como mártir del pueblo, desarrollando un peronismo sin Perón instalando la idea de que no es posible un país sin Perón.

Las profundas crisis en las que estaba sumergido el país hicieron que el viejo líder eligiera dejar Madrid para volver definitivamente al país el 20 de junio de 1973, y de esta forma le ponía fin un exilio de 18 años. Pero lo que debía ser una fiesta popular que iba a celebrarse en la inmediaciones del aeropuerto de Ezeiza se convirtió en un confuso y nunca esclarecido enfrentamiento.

El 23 de septiembre de 1973, Perón se consagró presidente por tercera vez con el 62% de los votos, en tanto que la fórmula del radicalismo que integraban Ricardo Balbín y Fernando de la Rúa obtenía el 24% de los votos.

Pero el país ya era otro, las fórmulas que antes habían sido exitosas ya no eran efectivas en el nuevo contexto internacional, con una crisis política y social planificada e impulsada por el gobierno de los Estados Unidos de América que se extendía por todo latinoamérica.

En mayo de 1974 se registró una inflación del 3%; había desabastecimiento de algunos productos de la canasta básica y, ante este panorama, Perón decidió dirigirse a la población por cadena nacional de radio y TV en el mediodía del 12 de junio. La CGT decretó un paro en respaldo al Presidente y en cuestión de horas la Plaza de Mayo estaba llena, y en ese escenario, Perón cerró su ultimo discurso con una frase que quedó marcada a fuego en la memoria popular: “Llevo en mis oídos la más maravillosa música que es la palabra del pueblo argentino”.

Asimismo, la salud de Perón empezaba a empeorar en la última quincena de junio y el sábado 29, en horas del mediodía, debe delegar el mando en Isabel. En la mañana del lunes 1 de julio de 1974, Perón recibe la extremaunción de parte del sacerdote Héctor Ponzio en Olivos y ese día a las 13.15, los médicos Pedro Cossio y Jorge Taiana, junto con los doctores Domingo Liotta y Pedro Vázquez, firman el certificado de defunción.

La congoja popular ante la pérdida del hombre que había concedido derechos sociales y ciudadanos a los trabajadores argentinos era enorme, tanto como la incertidumbre que provocaba el vacío político que dejaba con su ausencia.

El regreso de Perón en 1972 mostró que en la política argentina no hay imposibles. Cuando en 1955 fue derrocado, hubiese sido impensable en un regreso triunfal diecisiete años después, recibido por sus adversarios como una suerte de salvador y en alguna medida convocado por sus más férreos adversarios.

Perón también expresa acabadamente la complejidad y la contradicción de la Argentina. Que el líder popular más importante de la historia, haya sido un militar que surge de un gobierno de facto, no deja de evidenciar la insuficiencia de explicar las continuas crisis políticas de Argentina en el siglo XX, en función de un sistemático conflicto entre militares y civiles, entre golpes y gobiernos democráticos.

Su fuerza política, sigue siendo la dominante en la política argentina. Ya no es un partido, tampoco un movimiento, ni una doctrina ni se asemeja a una ideología, aunque algo conserva de todos estos modos de ser de la política. Su figura también mostró que la Argentina es un país imprevisible, cuya política se caracteriza por las sorpresas. Este armado ideológico sigue vigente aún hoy en día. Revisitar los pensamientos de Perón propone repensar en la complejidad económica, política y social siempre desde el presente.

Perón, explica los logros del primer peronismo de materia de acceso a la Universidad Pública de los hijos de los trabajadores.
(De la pelicula “Actualizacion Doctrinaria para la toma del poder” de Solanas-Getino)

Fuentes: